2016-11-15
Trump y Argentina: Cambiemos deberá cambiar

Con Donald Trump electo presidente de los Estados Unidos es imperioso estimar los impactos que sus políticas tendrán sobre la Argentina. A los efectos de su caracterización política, bastará con decir que Trump es un burgués asustado: nada más parecido a un fascista. Para este ejercicio se toma como base al peor de los escenarios posibles: que Trump cumpla con la plataforma republicana y con sus dichos de campaña. De ahí para abajo, todo mejora.
La anunciada política comercial "América primero" implica el endurecimiento de las medidas proteccionistas: la no aprobación del Acuerdo Transpacífico (TPP), la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, la elevación de las barreras a la importación y el endurecimiento de la posición negociadora de los Estados Unidos. A lo largo de los últimos meses el gobierno argentino avanzó en un mayor acercamiento comercial bilateral con Estados Unidos que se expresó en el apoyo a las iniciativas presentadas por ese país en la OMC, la firma de un Acuerdo Marco de Comercio e Inversiones y el interés futuro de ingresar al TPP y de firmar un acuerdo de libre comercio bilateral. A cambio de ello, Estados Unidos había dado algunas mínimas señales de apertura: el compromiso de evaluar el reingreso de Argentina a su Sistema General de Preferencias y la autorización para el ingreso de carnes y limones. El nuevo escenario tira por la borda todos estos "avances". Será difícil que se consolide la apertura del mercado en materia de productos agropecuarios, al tiempo que la política de "dar rienda suelta a la energía americana" impactará negativamente sobre nuestros dos principales productos de exportación hacia EEUU (biodiesel y aceites crudos de petróleo). Peor aun, una futura revaluación del dólar llevará a una caída en el precio de las commodities exportadas por Argentina al mundo.
Por el lado de las inversiones productivas, es improbable se cumpla la demorada "lluvia de inversiones". En el marco de su plan pro-crecimiento, la nueva administración buscará que las empresas estadounidenses inviertan en el mercado interno y la repatriación de capitales a partir de una fuerte reducción impositiva. Asimismo, EE.UU. ya es el principal país inversor en Argentina, con un stock de inversión extranjera directa de unos 20.000 millones de dólares (25 por ciento del total). Si la situación actual de sus empresas refleja el promedio de lo que está sucediendo en la economía argentina, con una capacidad productiva ociosa cercana al 40 por ciento, no se vislumbran las razones por las cuales se cumplirían las promesas realizadas en ocasión de la visita de Obama a nuestro país de nuevas inversiones por cerca de 2.500 millones de dólares anuales.
En materia de capitales financieros existen dudas respecto al manejo de la tasa de interés que llevará adelante la Reserva Federal (FED), quien viene aplazando una suba oportunamente anunciada. Si bien la FED es independiente, los analistas coinciden en que el ejecutivo ejercerá una mayor presión sobre el organismo; de las vacilantes declaraciones del presidente electo no queda claro en qué sentido. Lo cierto es que si la economía estadounidense repunta, la FED incrementará la tasa de interés. En tal caso, se espera un "vuelo hacia la calidad" por parte de los capitales financieros que redundará en un fortalecimiento del dólar. El impacto en Argentina, con una economía que en un año se ha endeudado externamente en más de 50.000 millones de dólares y que en el presupuesto para 2017 prevé un endeudamiento adicional por más de 40.000 millones de dólares, se sentirá tanto por el mayor peso de los intereses como por una mayor dificultad y costo del financiamiento externo.
En síntesis, se observa un panorama más que sombrío para la economía argentina, en el marco de un programa económico de apertura comercial y liberalización de capitales que ya no era compatible con un escenario mundial de creciente proteccionismo y reversión de los flujos de capital desde los países periféricos hacia los centrales. Al gobierno de Mauricio Macri no le interesan los impactos de sus medidas sobre las mayorías. Sus políticas tienen un claro sesgo ideológico: la implementación de reformas estructurales que impidan de una vez y para siempre nuevas "experiencias populistas" y "locuras industrialistas". Con la victoria del Sr. Trump el mundo ha cambiado. Cambiemos deberá cambiar. O será cambiado.

* Docente investigador de la Universidad Nacional de Quilmes, ex secretario de Relaciones Económicas Internacionales.


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